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Domingo VI de Pascua

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                                                            Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito Jn 14, 15-21 Lo primero que conviene para que el Espíritu Santo venga a nuestras almas, es que sintamos gran necesidad de Él y que creamos que puede hacer mucho bien en nuestros corazones. Por desconsolada que esté el alma, basta Él para consolarla; por pobre que esté, para enriquecerla; por tibia que esté, para encenderla; por indevota que esté, para inflamarla en ardentísima devoción. Juan de Ávila Gijón, 1500-1569 (san Juan de Ávila) Feliz domingo

Lunes II de Cuaresma

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  Perdonad, y seréis perdonados Lc 6, 36-38 Quizá no sabemos qué es amar. No está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar en cuanto pudiéramos no ofenderle, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo. Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, 1515-1582 (santa Teresa de Ávila) 

Miércoles XXVIII del Tiempo Ordinario

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  Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello Lc 11, 42-46 ¡Oh Señor, que vuestros caminos son suaves! Mas, ¿quién caminará sin temor? Temo de estar sin serviros, y cuando os voy a servir, no hallo cosa que me satisfaga, para pagar algo de lo que debo. Parece que me querría emplear toda en esto, y cuando bien considero mi miseria, veo que no puedo hacer nada que sea bueno, si no me lo dais Vos. Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, 1515-1582 (santa Teresa de Ávila) A Fernando e Iñaki en el día de su aniversario de bodas.

Martes XXVIII del Tiempo Ordinario

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  Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros Lc 11, 37-41 No puedo yo entender cómo haya ni puede haber humildad sin amor, ni amor sin humildad, ni es posible estar estas dos virtudes sin gran desasimiento de todo lo creado. La verdadera humildad está mucho en estar muy pronto en contentarse con lo que el Señor quiera hacer de ellos, y siempre hallarse indignos de llamarse sus siervos. Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, 1515-1582 (santa Teresa de Ávila)

Viernes XXXII del Tiempo Ordinario

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  El día que se revele el Hijo del hombre Lc 17, 26-37 Espero yo en la misericordia de Dios, que nadie le tomó por amigo que no se lo pagase: que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama. ¡Oh bondad infinita de Dios, que toda me querría, cuando esto os veo, deshacer en amaros! ¡Oh, qué buen amigo hacéis, Señor mío! ¡Cómo le vais regalando y sufriendo al alma, y esperáis a que se haga a vuestra condición; y mientras, le sufrís vos la suya! ¡Tomáis en cuenta, mi Señor, los ratos que os quiere, y con un punto de arrepentimiento olvidáis los que os ha ofendido! Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, 1515-1582 (santa Teresa de Ávila)