- Pintada en la calle Alfonso de Zaragoza - Dad limosna, y lo tendréis limpio todo Lc 11, 37-41 He aprendido que los días que valen la pena están menos determinados por el calendario que por el llamamiento de nuestra vida interior; por eso, Señor, danos de esos días. Da a nuestra vida el gusto de los pequeños placeres que la prisa nos roba: el perfume de ciertos viajes, el agrado de las conversaciones que se prolongan, la escucha y la oportunidad, el sentido extraordinario que sorprendemos en las cosas más simples. Que a las amistades no les falten playas amplias donde se aprende a caminar juntos, despacio. Danos, dondequiera que estemos, un poco de mar al fondo, ese mar liso y libre de los días de calma, porque ser amigo, tú lo sabes, es mirar a veces sin palabras en la misma dirección. Danos ver, Señor, paisajes puros, bosques verdes, desiertos blancos y corazones inmensos. Enséñanos que el tiempo perdido en contemplar es tan útil como el tiempo gastado en hacer. Y que el tiemp...