Sábado IV del Tiempo Ordinario
Andaban como ovejas que no tienen pastor Mc 6, 30-34 El reino de Dios no es algo que nosotros podamos exigir o conquistar, sino que llegar desde Dios como gracia. Jesús ora y nos enseña a orar, pidiendo al Padre que venga su reino. Es una realidad tan misteriosa como cierta, que ya está sembrada por Dios en los corazones humanos y es la verdad última de la historia. El reino tiene su ritmo y su momento, su hora: ni lo acelera la impaciencia ni lo paralizan los fracasos. Los discípulos enviados no son los que llevan el reino en sus manos, sino los que ayudan a descubrirlo en la vida humana, como el dinamismo más hondo de la existencia. Solo el que ha experimentado el reino como gracia, como don, como regalo, podrá servirlo con amor, con alegría, aun en medio de grandes dificultados. Porque, en definitiva, es Dios mismo el que se da y nos trans...