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Música para el domingo.- BWV 35

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       Geist und Seele wird verwirret, BWV 35 (Espíritu y alma se confunden) es una cantata de iglesia escrita por Johann Sebastian Bach en Leipzig para el XII domingo después de la Trinidad (XXI del Tiempo Ordinario y XIII después de Pentecostés) y estrenada el 8 de septiembre de 1726. El texto de la cantata fue obra de Georg Christian Lehms de 1711. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos Sal 137 Feliz domingo

Domingo XXI del Tiempo Ordinario

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  ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?. Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Mt 16, 13-20 Las formas contemporáneas de la esclavitud son perpetuadas por redes delictivas que se aprovechan de las personas que apenas pueden afrontar la pobreza extrema, la discriminación o la degradación ambiental, y por tratantes que explotan a quienes huyen de conflictos armados o migran en busca de seguridad y oportunidades. La esclavitud despoja a las personas de sus derechos y su humanidad. Los Gobiernos, las empresas, la sociedad civil y los sindicatos deben unirse para poner fin a esta crisis de una vez por todas. También deben proporcionar recursos jurídicos y reparaciones, con un verdadero acceso a la justicia, indemnizaciones justas, rehabilitación, restitución y garantías de que las víctimas y sus familias no volverán a sufrir. Este año se cumple el centenario de la Convención sobre la Esclavitud, en que la comunidad internacional se comprometió firmemente a poner fin a la es...

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

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  En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo Mt 16, 13-20      Si decimos que Jesús es el Señor, debe ...

Sábado XX del Tiempo Ordinario

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  Ellos dicen, pero no hacen Mt 23, 1-12 El seguimiento de Jesús no es aceptación de unos dogmas inamovibles, sino transformación personal.   Carlos Osma

Viernes XX del Tiempo Ordinario

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  Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo Mt 22, 34-40      Buscando y viviendo la comunión con Cristo, será imposible para ti no buscar y vivir simultáneamente la reconciliación y la comunión con todos los miembros del cuerpo al que tú también perteneces.

Jueves XX del Tiempo Ordinario

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  A todos los que encontréis, llamadlos a la boda Mt 22, 1-14 El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, solo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia? Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la criatura. Hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente. san Bernardo de Claraval, 1090-1153 A mi hermano de Comunidad, José; en el V aniversario de su nacimiento al cielo...

Miércoles XX del Tiempo Ordinario

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  ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Mt 20, 1-16 Un hombre de negocios o un empresario sobriamente calculador reconoce de repente la difícil situación del último jornalero y muestra su bondad. Siendo así, un gobernador (como en la historia inicial) reconoce la necesidad de hacer cumplir una ley contra la especulación de precios. Todo esto no es todavía el reino de Dios en su perfección, pero es el “reino de los cielos” aproximándose, el reino de Dios en medio de nuestro mundo en modo de batalla, por así decirlo. Al contar la parábola, Jesús introduce una nueva dimensión transformadora en nuestro mundo. La dinámica de la parábola es decisiva: esperar el reino de los cielos, contar con el reino de Dios significa repensar aquí y ahora, cambiar, intervenir, defender una justicia que vea la necesidad del prójimo. Martin Hoffmann