Miércoles XXXI del Tiempo Ordinario
Aquel que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío Lc 14, 25-33 Así como levantar torres o ir a la guerra sin los recursos indicados significan la ruina, el seguimiento a Jesús apoyado en lo propio (recursos de familia y posesiones personales) es imposible. Frente al llamado al discipulado, el reconocimiento de las limitaciones e inadecuación de lo que consideramos propio es un proceso constante de abajamiento. A su vez, el reconocimiento de lo “impropio” de lo “propio” entra constantemente en contradicción y confrontación con las estructuras culturales que nos conforman y la lógica económica de los poderes constituidos. Al fin y al cabo, Jesús –que es el “maestro” de sus “discípulos” y “discípulas” – murió por cómo vivió. Esto echa luz sobre lo que la demanda sobre “tomar la cruz” pueda significar.