Martes XXIX del Tiempo Ordinario
Bienaventurados los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela Lc 12, 35-38 Esta quietud tan dulce del alba y de la tarde, este regazo inmenso del cielo nacarado. El mundo adormecido, las cosas en silencio. Ingrávido el espíritu y el infinito a mano. Dejar pasar los pájaros a través de mi vida, como una torre inmóvil con solidez de siglos. Enterrar el badajo de todas mis campanas. Mirar desde lo alto con ojos comprensivos. Escribir cada día el renglón bien rimado del eterno poema que en tu Mente ha nacido. Y escuchar, escuchar, escuchar tu Palabra. Y adorar, adorar tu Silencio tan vivo. Crescencia Olivares Soler