Miércoles IV del Tiempo Ordinario
No desprecian a un profeta más que en su tierra Mc 6, 1-6 Ardía la feria ante el templo. Estaba lloviendo desde el alba y se echaba encima la tarde. En el gozo de la multitud , nada era tan radiante como la sonrisa de una niña que había comprado por un cuarto un pito de palmera. Y la aguda alegría de aquel silbido flotaba por encima de toda la risa y de todo bullicio. Un gentío sin fin llegaba empujándose; estaba el camino enfangado, crecido el río, ahogado el campo. En el fastidio de la muchedumbre no había pena como la del chiquillo que no tenía un cuarto para comprar un palo pintado. Y al mirar sus ojos nostálgicos fijos en la tienda, la gente toda me pareció lamentable. Rabindranath Tagore, 1861-1941