Domingo VIII del Tiempo Ordinario
De lo que rebosa el corazón habla la boca Lc 6, 39-45 Llamó el Señor, le abrí la puerta y lo pasé a la habitación principal. Después de los primeros saludos le enseñé mi casa y le dije: ¿Quieres verla? Está un poco abandonada, es verdad; algo de polvo que siempre entra, bastante desorden, ropa sucia que acaba de lavar... hay también barro en los rincones. Limpia mi casa, Señor, barre sin miedo, con esa escoba tuya que limpia todo. Tenemos tanto que hablar... puedes quedarte todo este día, y mañana, y pasado mañana. ¡Ojalá no te vayas nunca! Ojalá no te eche yo nunca. No te vayas aunque yo te eche, te lo suplico. Patxi Loidi, 1929-2020 Feliz domingo