Viernes IV de Cuaresma
Intentaban agarrarlo, pero todavía no había llegado su hora Jn 7, 1-2. 10. 25-30 No basta con haber sido alcanzado por el amor de Dios. Debemos, además, tomar y mantener agarrada la mano que se nos tiende. Debemos hacer nuestra morada en ese amor y estar firmemente convencidos de él. Vivirlo en todas las dimensiones y en todos los momentos de nuestra vida. Tiene que convertirse en algo así como nuestra propia respiración. Piet Van Breemen, 1927-2021