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Primavera...

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  - La Primavera de Goya (1786-1787)- IDILIO  de Federico García Lorca (Canciones 1921-1924) Tú querías que yo te dijera el secreto de la primavera. Y yo soy para el secreto lo mismo que es el abeto.  Árbol cuyos mil deditos señalan mil caminitos.  Nunca te diré, amor mío, por qué corre lento el río.  Pero pondré en mi voz estancada el cielo ceniza de tu mirada.  ¡Dame vueltas, morenita! Ten cuidado con mis hojitas.  Dame más vueltas alrededor, jugando a la noria del amor.  ¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera, el secreto de la primavera. Mira, el invierno ya ha pasado, las lluvias han cesado, se han ido. Brotan flores en el campo, llega el tiempo de los cánticos, el arrullo de la tórtola se oye en nuestra tierra Cant 2, 11-12

IV Domingo de Cuaresma

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  En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo. Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?». Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?». Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó lo...

Primavera...

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  Idilio Federico García Lorca, 1898-1936 Tú querías que yo te dijera el secreto de la primavera. Y yo soy para el secreto lo mismo que es el abeto. Árbol cuyos mil deditos señalan mil caminitos. Nunca te diré, amor mío, por qué corre lento el río. Pero pondré en mi voz estancada el cielo ceniza de tu mirada. ¡Dame vueltas, morenita! Ten cuidado con mis hojitas. Dame más vueltas alrededor, jugando a la noria del amor. ¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera, el secreto de la primavera. Conozcamos, corramos tras el conocimiento de Yahvé: su salida es cierta como la aurora; vendrá a nosotros como la lluvia temprana, como la lluvia de primavera que riega la tierra Os 6, 3