Martes XXXI del Tiempo Ordinario
Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa
Lc 14, 15-24
Somos capaces de rechazar la invitación divina y perdernos eternamente el mejor ofrecimiento que Dios podía hacernos: participar de su casa, de su mesa, de su intimidad para siempre.


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