Domingo XXI del Tiempo Ordinario

 

¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?.
Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Mt 16, 13-20

Las formas contemporáneas de la esclavitud son perpetuadas por redes delictivas que se aprovechan de las personas que apenas pueden afrontar la pobreza extrema, la discriminación o la degradación ambiental, y por tratantes que explotan a quienes huyen de conflictos armados o migran en busca de seguridad y oportunidades. La esclavitud despoja a las personas de sus derechos y su humanidad.

Los Gobiernos, las empresas, la sociedad civil y los sindicatos deben unirse para poner fin a esta crisis de una vez por todas. También deben proporcionar recursos jurídicos y reparaciones, con un verdadero acceso a la justicia, indemnizaciones justas, rehabilitación, restitución y garantías de que las víctimas y sus familias no volverán a sufrir.

Este año se cumple el centenario de la Convención sobre la Esclavitud, en que la comunidad internacional se comprometió firmemente a poner fin a la esclavitud en todas sus formas. Debemos actuar con la misma determinación para erradicar las formas contemporáneas de la esclavitud. Un mundo construido sobre la libertad, la dignidad y la justicia para todos no solo es posible, sino que es nuestra responsabilidad compartida.

António Guterres,
Secretario General de la ONU



Feliz domingo



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