Sábado XXIX del Tiempo Ordinario

 

Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo
Lc 13, 1-9

El amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las alas del santo celo. 
El verdadero amante ama a Dios y a su prójimo, de modo que cuanto más amor tiene, por tanto mayor celo es impulsado.
Y si uno no tiene celo, es señal cierta que tiene apagado en su corazón el fuego del amor y de la caridad.
Aquel que tiene celo desea y procura que Dios sea siempre más conocido, amado y servido.

san Antonio María Claret y Clará, 1807-1870






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