XXIV Domingo del Tiempo Ordinario
En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
Jesús pretende con esta parábola que no dividamos nuestro comportamiento en el mundo y en la comunidad en dos esferas: el mundo del domingo con las normas del cielo y el mundo de la vida cotidiana con las normas de la tierra. Especialmente en contextos civiles, a menudo se aplican normas diferentes. Aquí el amoroso padre de familia, allí el despiadado hombre de negocios; aquí la madre solícita, allí el ciudadano xenófobo. Jesús lo deja claro con su parábola: no debe ser así en sus comunidades. No separen las dos esferas. Su comportamiento debe estar de acuerdo con la misericordia de Dios.


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