Miércoles XXII del Tiempo Ordinario
Poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba
Lc 4, 38-44
El amigo es, en cierto modo, el guardián del alma; porque mi amigo debe cuidar del amor mutuo, o de mi propia alma, para guardar con un silencio fiel todos sus secretos, corregir en lo posible, gozar con el que se alegra y sufrir con el que sufre, y hacer suyo todo lo del amigo.
san Elredo de Rieval, 1110-1167


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