Jueves XXIII del Tiempo Ordinario
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso
Lc 6, 27-38
Lo más difícil para aquellos que se han embarcado en la aventura de la fe, es tener paciencia con Dios.
La conducta del Señor con los que se entregan a él, es, con mucha frecuencia, desorientadora, no es lógica en sus reacciones.
Por eso no hay proporción entre nuestros esfuerzos por descubrir su rostro oculto y los resultados de
tales esfuerzos.
Y muchos pierden la paciencia y, faltos de fuerza, lo abandonan todo.
En el dinamismo de la economía de Dios existe sólo una dirección: la de dar.
Nadie puede exigirle nada, nadie puede preguntarle, afrontándolo con preguntas.
Ignacio Larrañaga, 1928-2013


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