Domingo XXIV del Tiempo Ordinario
No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete
Mt 18, 21-35
Fruto de un proceso de transformación personal, el creyente entra en otra óptica, en otra forma de acercarse a la realidad y al Misterio de Dios que se comunica. Es lo que conocemos como conocimiento interno. En él existen siempre dos polos relacionales: la persona que hace experiencia y Dios que se comunica.
Este conocimiento a través del amor nos abre a una relación que cada vez se hace más intensa y hacia la que dirigimos todas las fuerzas de nuestra vida. Entramos así en la esfera de la llamada a la santidad. Esta la entendemos no como una meta a alcanzar por las solas fuerzas humanas, sino como un don que se va transmitiendo de manera paulatina en la medida en que nos dejamos hacer por Dios.


Comentarios
Publicar un comentario