XXII Domingo del Tiempo Ordinario
Es poco atractiva la invitación que hace Jesús, ya que implica cargar la cruz, símbolo humillante del castigo de los más despreciados e innobles. Cargar la cruz es caminar a la par de quienes son doblegados y doblegadas por una sociedad y un sistema que les oprime; cargar la cruz es seguir en los pasos de Jesús y el anuncio del reino de los cielos con acciones y palabras. Rechazar la cruz, como sugiere Pedro, es también rechazar la resurrección. Jesús camina hacia la resurrección, hacia el triunfo de la vida sobre la muerte. No es posible rechazar uno sin rechazar el otro, experimentar uno sin haber experimentado el otro. Así lo resume Monseñor Romero, Obispo de San Salvador y mártir por la causa del Evangelio y por la defensa de la vida del pueblo salvadoreño: "Por eso, hermanos, no nos debe extrañar que una Iglesia tenga mucho de Cruz, porque si no, no tendrá mucho de resurrección. Una Iglesia acomodaticia, que busca prestigio sin el dolor de la Cruz, no es la Iglesia auténtica de Jesucristo." La iglesia que carga la cruz es una comunidad de hermanos y hermanas que actúa en el Espíritu de Dios para el reino, a la manera de Jesús.
Feliz domingo


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