Martes XVIII del Tiempo Ordinario

 

Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella
Mt 15, 1-2. 10-14

Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él; nuestra oración es el incienso que más le agrada.
Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios.
La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros.
Nunca nos deja sin dulzura, es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.
En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.

san Juan María Vianney, 1786-1859



A mis hermanos y hermanas en el ministerio
que viven su vocación al frente de las comunidades cristianas, el Pueblo de Dios...




Comentarios

Entradas populares de este blog

Lectura para el Tiempo de Adviento

Cristianos en Zaragoza: Conferencia

Lunes II de Pascua