Martes XVI del Tiempo Ordinario
Extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:
"Estos son mi madre y mis hermanos"
Mt 12, 46-50
El amor de Dios es pura sorpresa, es un abismo sin fondo.
El hecho de que está basado en nada, nos da seguridad. Si se basara en algo y ese algo se derrumbara, entonces el amor de Dios también se derrumbaría.
Pero con Dios no puede ocurrir tal cosa. Los que caen en la cuenta de esto pueden vivir la vida en plenitud.
No tenemos que ganarnos el amor de Dios. Tampoco tenemos que sostenerlo, es un don gratuito.
Cuando no hay suficiente amor, las cosas cobran una enorme importancia, hasta el punto de convertirse en una adicción.
La comida y la bebida, lo que gusta y lo que no gusta, el disfrute, las propiedades, el trabajo, el estatus, el reconocimiento y muchos otros sustitutos adquieren gran valor.
En la medida en que disminuye el amor, aumenta el deseo de todo lo que no es amor.
Piet van Breemen, 1927-2021


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