II Domingo del Tiempo Ordinario
En este pasaje nos encontramos de nuevo a Juan el Bautista testificando a Jesús, promoviendo a Jesús y degradándose a sí mismo (cf. 3:30). Hay que notar el lenguaje enfático y repetitivo. Él ve (v. 32), él oye (v. 33), él pasa de la ignorancia al conocimiento (vv. 32-33) gracias a una revelación, y entonces él testifica : “Y yo lo he visto y testifico que este es el Hijo de Dios” (v. 34). Todo el Evangelio de Juan fue escrito solamente para revelarnos a Jesús, para proveernos un espacio para localizar en su identidad más plena. El autor dice claramente en 20:31 (probablemente el fin original del Evangelio): “Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.
Feliz domingo


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