VII Domingo de Pascua. Ascensión del Señor

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Así está escrito que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros seréis testigos de estas cosas. Mirad, voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto».
Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante Él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.
Lc 24, 46-53

Lo último que dice Jesús va dirigido al futuro, hasta el fin del mundo. Es una promesa que los cristianos tenemos siempre presente, que nunca se nos podrá olvidar. Jesús está con nosotros, está aquí, contigo, mientras lees estas palabras. Está cuando ríes y cuando lloras, está cuando le sigues y cuando te despistas. Está cuando dudas y cuando te esfuerzas. Él está, para siempre, con nosotros.

Fco. Javier Izquierdo de la RosaCAFA; en Vía Lucís.
Anástasis nº 13, pág. 52



Feliz domingo



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