Martes IV de Pascua
Yo y el Padre somos uno
Jn 10, 22-30
Solo Dios puede saciar el vacío que habita nuestro corazón.
Tenemos que reconocer que Dios
es nuestro principio y nuestro fin.
Brotan en nosotros palabras de agradecimiento.
Señor, gracias por tu amor entrañable y fiel.


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