Viernes I de Cuaresma
Vete primero a reconciliarte con tu hermano
Mt 5, 20-26
Dios santo, fuente de la vida,
tu suave voz se escucha en los peores días de mi vida.
Tus manos ofrecen el don de una vida nueva y mejor.
Cuando la oscuridad y el desánimo se cuelan,
me sorprendes y renuevas la vida.
En ti confío,
porque me arrancas de la inmovilidad.
Me liberas de la desesperación
y de la ansiedad.
Me llenas de paz y de esperanza.


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