El Cuerpo y la Sangre de Jesús
Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre
Mc 14, 12-16. 22-26
Es curioso que a menudo nuestras eucaristías, memoria viva de aquella Última Cena, también las cargamos de solemnidad, de densidad, de trascendencia. Pero a veces les falta ese recordatorio de que son un tiempo para encontrarse y celebrar juntos. Celebrar la vida en su complejidad. Celebrar que no estamos solos. Que nos reconocemos hermanos, aunque sea con toda nuestra limitación y fragilidad. Celebrar el amor como punto de encuentro. Un amor que es, quizás, el ámbito donde confluyen lo más humano y lo más divino que hay en nosotros.
José María Rodríguez Olaizola, SJ
Feliz domingo

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