Martes I del Tiempo Ordinario
Les enseñaba con autoridad
Mc 1, 21b-28
Hábleme del silencio -dijo el novicio. Te hablaré de la palabra -respondió el abad:
"La palabra que no arraiga en el silencio no da fruto.
La palabra que no fructifica en el silencio no tiene raíz.
La palabra que no está penetrada de silencio es simple ruido.
La palabra que no es silencio, no puede ser palabra.
Así como la semilla sin vida no es semilla, la palabra sin silencio no es palabra".
Luego abrió el libro que tenía en las manos y leyó:
"En medio del silencio, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros".
Esto último fue para el novicio una revelación impresionante: la Palabra de Dios y el Silencio de Dios se convirtieron para él en fuente de sabiduría.
Ángel Sanz Arribas

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