XIV Domingo del Tiempo Ordinario
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
»Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».
Mt 11, 25-30
Actualmente mucha gente está trabajada y cargada. Aunque el descanso que encontramos en Jesús es más profundo—San Pablo lo llama “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Flp 4,7), vale pensarlo en sentido material. En el caos de la vida, ¿hemos, de verdad, aceptado la invitación al aprendizaje y descanso de Jesús? ¿Son las iglesias—nuestras distintas congregaciones—lugares que facilitan oportunidades de discipulado y formas de descanso? ¿Cuáles son las oportunidades de discipulado y formas de descanso adecuadas a este momento histórico?
Feliz domingo

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