Lunes XV del Tiempo Ordinario
No he venido a sembrar paz, sino espada
Mt 10, 34 - 11, 1
La actitud existencial frente al sufrimiento y frente a los males puede ser el compromiso de la esperanza. Es la actitud del que cree fundamentalmente en las posibilidades del hombre y en las perspectivas de mejorar las condiciones existenciales. No hay ninguna condición y ninguna situación que fracase hasta el punto de que no puede constituir un punto de partida para el logro del hombre. No se trata ya de la huida, ni de la rebelión absurda, ni de la resignación fatalista, sino de la acción concreta y confiada. Hasta el mismo A. Camus buscaba esta actitud, al menos en un nivel muy primario: incluso donde la razón afirma que todo es absurdo, la vida me dice que tiene algún sentido aliviar los sufrimientos y darle de comer a un niño que tiene hambre.
Para esta última actitud sigue estando abierto un gran interrogante: ¿quién le dará al hombre la fuerza para creer que en cualquier situación, aunque sea en medio del abismo del sufrimiento y del mal, es posible construir y realizar el sentido fundamental del hombre? ¿Será esto posible en una perspectiva puramente histórica? ¿Podrán sostener un compromiso semejante esas grandezas míticas y vacías que se llama futuro histórico, el progreso, el mundo futuro, la sociedad nueva, etc.? Una esperanza y una confianza tan absoluta ¿podrán existir sin que el hombre descubra su propia existencia como absolutamente preciosa y querida por un Dios creador, que es capaz de salvar al hombre de los limites, de los males, de los sufrimientos y alineaciones?
A mi hermano en el ministerio Quique, cmf;
en el día de su onomástica.


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