Martes XIII del Tiempo Ordinario

 

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma
Mt 8, 23-27

El hombre que sufre no se plantea indudablemente el problema de la trascendencia de Dios y de la religión, como un paliativo de la ignorancia y de la insuficiencia humana. Lo que sucede más bien es que la experiencia de los limites y de los sufrimientos que lo acompañan obligan al hombre, o por lo menos lo invitan, a reflexionar sobre las dimensiones trascendentes de todos los valores positivos que hay en él: la libertad, el orden, la esperanza, el amor, la comunión, etc.

                                                                                                                                          Joseph Gevaert      





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