Lunes XII del Tiempo Ordinario
Sácate primero la vida del ojo
Mt 7, 1-5
Es bueno saber, Señor, que todos los días, la vida comienza de nuevo.
La fuerza creadora de la vida no empalidece en el laberinto de los quehaceres ni la destruyen la turbulencia de ciertas geografías, o la áspera penumbra de algunas horas.
La vida, nuestra vida, incluso frágil y trémula, es soberana.
Investida de tu amor, puede siempre rehacerse, transfigurarse, vestirse de música súbita.
Tocada por ese amor, es capaz de ser más que el crujido de las cosas, más que esta porción de ceniza caída de repente, más que la experiencia de la tristeza que nos deja despiertos toda la noche.
La vida se parece a la danza, humilde y fantástica, que los pájaros dibujan como don en el desamparo de los cielos, cosas para saber antes que todos los aprendizajes.


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