Lunes X del Tiempo Ordinario

 

Bienaventurados...
Mt 5, 1-12

    Señor, cómo cambiaría el mundo si todos los hombres y mujeres tuvieran hambre y sed de la justicia.
Cómo cambiaría el mundo si el "eco" de esta bienaventuranza nos partiera el corazón hasta derramarse en amor.
Cómo cambiaría mi pueblo, mi barrio, mi lugar de trabajo, mi familia o mi comunidad si la "música" de estas palabras tuyas armonizasen las cuerdas de nuestra guitarra y de nuestra vida.
Cómo cambiaría mi vida si mi dicha y mi felicidad estuvieran impregnadas de "tu" justicia.
Pero, Señor, ¿qué tendrá esta palabra usada continuamente en nuestras contextos sociales, culturales y religiosos, que nos pone en guardia, y la interpretamos habitualmente de mil formas distintas, inclusos contradictorias?
¿Qué tendrá esta palabra que forma parte esencial de la convivencia social, de las relaciones internacionales y de las relaciones interpersonales, y que siempre acabamos "cortando pelos en el aire" para saber interpretarla en su "justo" sentido, aunque -claro está- según nuestra conveniencia?






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