Jueves IX del Tiempo Ordinario
No hay mandamiento mayor que estos
Mc 12, 28b-34
Hoy, las iglesias cristianas enfrentan el mismo desafío que las iglesias alemanas en los años treinta: elegir entre la complicidad silenciosa con el poder o la denuncia profética de la injusticia. La verdadera interpretación bíblica no se valida por su coherencia lógica o su encaje en un esquema profético, sino por sus frutos éticos.
Una teología que justifica el genocidio, que anula la empatía y que convierte la letra en instrumento de opresión, no puede provenir del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que se reveló como Padre misericordioso en Jesucristo.
Por lo tanto, solo mediante el retorno a los principios éticos fundamentales de justicia y misericordia podrá restaurarse el equilibrio teológico y humano en Tierra Santa.


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