Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote
El relato de Getsemaní es aparentemente un dialogo. Jesús habla dirigiéndose o a los discípulos o al Padre. Pero nadie le responde, como si se tratara de un monologo. Sus palabras parecen caer en el vacío, incluida la oración al Padre. El silencio divino forma parte de la experiencia del ser humano – la más profunda experiencia – de estar delante de Dios. La experiencia del silencio de Dios no expresa la debilidad de la fe, sino la profundidad y la humanidad de la misma, y conduce al centro del ser humano y de la historia, allí donde parecen contradecirse Dios y el hombre, donde parece ausente y distraído, donde la muerte parece tener la última palabra sobre la vida, y la mentira sobre la verdad. Pero si se entiende en el marco del misterio de Cristo, entonces el silencio de Dios aparece en su realidad, es decir, como un modo diferente de hablar. En Getsemaní habló el Padre, no con el milagro que libera de la muerte, sino con el coraje de afrontar la muerte pasando por ella.
Fco. Javier Izquierdo de la Rosa, CAFA


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