Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

 

- Imagen: La Oración en el Huerto del Retablo de la Resurrección (siglo XVII)
en el Monasterio de la Resurrección de Zaragoza -

Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil». De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad»
Mt 26, 36-42

El relato de Getsemaní es aparentemente un dialogo. Jesús habla dirigiéndose o a los discípulos o al Padre. Pero nadie le responde, como si se tratara de un monologo. Sus palabras parecen caer en el vacío, incluida la oración al Padre. El silencio divino forma parte de la experiencia del ser humano – la más profunda experiencia – de estar delante de Dios. La experiencia del silencio de Dios no expresa la debilidad de la fe, sino la profundidad y la humanidad de la misma, y conduce al centro del ser humano y de la historia, allí donde parecen contradecirse Dios y el hombre, donde parece ausente y distraído, donde la muerte parece tener la última palabra sobre la vida, y la mentira sobre la verdad. Pero si se entiende en el marco del misterio de Cristo, entonces el silencio de Dios aparece en su realidad, es decir, como un modo diferente de hablar. En Getsemaní habló el Padre, no con el milagro que libera de la muerte, sino con el coraje de afrontar la muerte pasando por ella.

Fco. Javier Izquierdo de la Rosa, CAFA



A mi hermana Pili en el día de su cumpleaños.

A mis hermanas y hermanos en el sacerdocio.





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