Viernes III de Pascua
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
Jn 6, 52-59
Narciso era un joven guapo y orgulloso que al verse reflejado en el río, se enamoró de sí mismo y dedicó el resto de sus días a admirar su propia imagen hasta desfallecer.
Es un mito muy antiguo que nos llega de Grecia o de antes.
Es la actitud de mucha gente hoy.
Cada vez vivimos con más fuerza el individualismo: "Cada uno ensimismado en lo suyo".
Jesús nos propone otra forma de situarnos en la vida: en vez de tanto contemplarte a ti mismo, puedes disponerte al encuentro con Jesús, ¡y vivirás en plenitud de amor!


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