Miércoles II de Pascua

 

Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él
Jn 3, 16-21

    El Dios en quien creemos ama la vida.
Y las pequeñas y grandes muertes en las que nos metemos, entristecen su corazón.
Pero el Señor de la Vida no se detiene en lamentos: actúa para llevarnos a la luz y a la vida.
Hasta entregarnos a su Hijo.





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