IV Domingo de Pascua

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»
Jn 10, 1-10

    Jesús se presenta como la puerta de acceso a la vida. Como buen pastor, nos conoce, nos quiere y busca lo mejor para nosotros/as. Juan lo expresa con imágenes tan delicadas como las de cuidar, proteger y dar alimento. Ese es nuestro Dios, quien que nos abre su vida (nos da su vida) para que podamos vivir mejor. Y tú, ¿cómo puedes ser “puerta” para que otros/as encuentren a Dios en tu vida y tus acciones?


A mi hermano en el ministerio, José Antonio, ICR;
en el día de su cumpleaños.

Feliz domingo




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