Martes I del Tiempo Ordinario
Les enseñaba con autoridad
Mc 1, 21b-28
Tócame, Jesús.
Que cuando la soledad me duela,
tu cálida caricia sea mi compañía.
Que cuando el rechazo me hiera,
tu tierna caricia sea mi acogida.
Que cuando el pecado sea mi lepra,
tu misericordiosa caricia me restaure.
Que cuando la vehemencia me acelere,
tu lenta caricia me recuerde el sosiego.
Que cuando la desolación me turbe,
tu luminosa caricia sea mi consolación.
Todo mi ser y toda mi piel
ha sido tocada, besada, abrazada,
marcada y tatuada por tu caricia,
una vez y para siempre.
Genaro Ávila-Valencia, sj

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