Domingo II de Cuaresma

 

Su rostro resplandecía como el sol
Mt 17, 1-9

    La carga que llevo encima es pesada: preocupaciones, arrepentimientos, cansancios, enfermedades, desánimos..., el mío y el de todos los que en este mundo sufren o están en peligro y en prisión.
    Aquí, en la cima de la montaña (o en el silencio de mi habitación), puedo experimentar qué bien se está en la luz; cómo la proximidad y la presencia acogedora de Jesús renueva y cura la vida entera.



Feliz domingo



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